Month: November 2017

Vacaciones de ultratumba

Cuando te vas de vacaciones es con el objetivo de pasar un momento agradable y olvidarte del estrés de la ciudad, pero hay veces que los entes del más allá te persiguen hasta las paradisíacas playas de Cancún y convierten tu estancia en un terrorífico paseo. Abróchense los cinturones porque les contaré sobre mis vacaciones de ultratumba.

Todo empezó desde el vuelo, abordé uno de los aviones de Interjet y para mi fortuna, aunque después sería para mi desgracia, estaba solo, no compartía asientos con nadie, ya que la aeronave estaba a la mitad de su capacidad pues no era temporada alta. Creía que las casi dos horas de vuelo sería magníficas, pero vaya que estaba equivocado. Decidí conectar los audífonos a las pantallas y ver una película, cuando a los 20 minutos del filme, aproximadamente, una voz extraña se coló a la del largometraje, no alcancé a entender lo que dijo pero fue muy extraño, así que pensé que se trataba de una falla en la película. Pero a los cinco minutos volvió a escucharse y sabía que no era parte de la producción ni una falla, pues apareció el resto de lo que pude ver de la película. El miedo hizo que apagara la pequeña televisión y decidiera dormir.

“Llegamos a tu final”, escuché sobre mi hombro y al abrir los ojos pensaba que había sudo la azafata la que me había despertado, pero no había nadie a mi alrededor. Justo cuando estaba consciente el piloto anunció que iniciaríamos con el descenso. Esta situación me puso los pelos de punta y me dejó muy nervioso. En cuanto bajé del avión me dirigí a mi hotel para desempacar y olvidar aquellas voces en la playa. Al arribar a mi cuarto sentía como si alguien me estuviera observando, pero no había cámaras ni nada de qué sospechar. Sólo era la sensación de que cada paso que daba, cada movimiento, era visto por alguien más. No tenía ganas ni fuerzas para asegurarme que en el clóset no hubiera nada y sólo me cambié y me dirigí al mar.

Me quedé un rato bajo el sol antes de irme al agua, estuve en la parte baja un rato hasta que decidí andar mar adentro, no me quería alejar tanto, así que nade horizontalmente. Fue mientras braceaba y pataleaba que sentí como si alguien me jalara el pie derecho y tratara de sumergirme, lo cual logró pero de inmediato moví los brazos como loco para volver a la superficie, me costó mucho trabajo, sentía que el aire me hacía falta, que mis pulmones iba a colapsar, hasta que sentí otra mano que me jaló hacia arriba. Un lanchero se había percatado de mi situación y me salvó la vida.

No quería estar más ahí, así que busqué un nuevo vuelo que me regresara a la ciudad, no sabía lo que me había seguido en mis vacaciones, pero estaba muy asustado, ni loco pasaría una noche en el hotel, así que lo abandoné y tomé otro avión que me devolvería a casa. No sé si fue producto de mi imaginación, superstición o realidad, pero al día siguiente de que llegué a casa, vi en las noticias de que una mujer había muerto ahogada, al ver la foto reconocí que era una de las pasajeras con las que iba en el avión que me llevó a Cancún.

Nunca digas nunca

La siguiente historia nunca ha sido revelada por mi familia, sólo ha pasado de generación en generación dentro de la misma sin que algún extraño la sepa. No entiendo por qué, si se trata de un acontecimiento que demuestra la fortaleza del ser, del cuerpo y de la mente. Así que me tomaré el atrevimiento de romper con la tradición familiar y les contaré lo que sucedió.

Mi tatarabuelo era un amante del alpinismo y su sueño siempre fue escalar el Everest, pero no contaba con los recursos suficientes para ir a Asia y cumplir con su sueño, además de que sus padres se oponían por la peligrosidad que esto significaba. Pero en su mente siempre estuvo fija la meta de realizarlo, pero cuando uno deja las cosas en la cabeza y no hace algo por realizarlas, ahí se quedan, sólo como un recuerdo o un reproche de lo que pudimos hacer pero no nos atrevimos. Los años pasaron y mi antepasado se dejó llevar por la gente que le decía que era peligroso, que no iba a poder y menos ahora de viejo, esto hice que la llama que se había apagado por tanto tiempo se reencendiera.

Sacó todos sus ahorros, consiguió un viaje en uno de los vuelos baratos de ese entonces y se fue a la cordillera del Himalaya, pero lo hizo en una temporada donde los fuertes vientos y la intensa nieve no permitían una buena visibilidad. Pero eso no le importó, quería demostrarle a toda esa gente que dudó de él y, peor, lo hicieron dudar de sí mismo que estaban equivocados. Pero estaba arriesgando su vida.

A la mañana siguiente de haber aterrizado comenzó la escalada, lo hizo junto a un pequeño grupo de personas que perseguían el mismo sueño de mi tatarabuelo, conforme avanzaban los pasos se hacían más lentos, más pesados por el cansancio de las extremidades, el intenso frío y la poca visibilidad propiciada por los fuerte vientos, que se intensificaban conforme ascendían. Primero fue uno, después otro y le siguieron dos más de las personas que estaban escalando y se rindieron. Ya sólo quedaba mi familiar y un hombre más, que era mucho más joven pero estaba unos pasos atrasado. Se rindió.

“Nunca digas nunca, nunca digas nunca, nunca digas nunca”, repetía mi abuelo cuando los pasos se hacían difíciles, cuando el alma le pedía descanso, cuando su mente le decía que no iba a poder. Entonces algo en sus recuerdos se encendía, veía a las personas que lo habían minimizado, que quisieron cortarle las alas para cumplir su sueño, esto lo motivaba y aceleraba sus pasos.

El cuerpo sabe hasta dónde puede llegar, de lo contrario flaqueará y podría quedar inerte sobre la nieve, y de eso estaba consciente mi tatarabuelo, por lo que se detuvo y dejó una bandera de México atorada sobre la nieve, descanso un par de horas y comenzó el descenso. No estaba triste por no haber conseguido llegar a la cima, pero había sido un gran logró para él. Personas más jóvenes lo intentaron y se rindieron a medio camino. En cambio él, consiguió superar la marca de altura conseguida por cualquier hombre, actualmente esa marca ya se superó y por mucho, pero fue una persona que no le dieron la fama suficiente.