Nunca digas nunca

La siguiente historia nunca ha sido revelada por mi familia, sólo ha pasado de generación en generación dentro de la misma sin que algún extraño la sepa. No entiendo por qué, si se trata de un acontecimiento que demuestra la fortaleza del ser, del cuerpo y de la mente. Así que me tomaré el atrevimiento de romper con la tradición familiar y les contaré lo que sucedió.

Mi tatarabuelo era un amante del alpinismo y su sueño siempre fue escalar el Everest, pero no contaba con los recursos suficientes para ir a Asia y cumplir con su sueño, además de que sus padres se oponían por la peligrosidad que esto significaba. Pero en su mente siempre estuvo fija la meta de realizarlo, pero cuando uno deja las cosas en la cabeza y no hace algo por realizarlas, ahí se quedan, sólo como un recuerdo o un reproche de lo que pudimos hacer pero no nos atrevimos. Los años pasaron y mi antepasado se dejó llevar por la gente que le decía que era peligroso, que no iba a poder y menos ahora de viejo, esto hice que la llama que se había apagado por tanto tiempo se reencendiera.

Sacó todos sus ahorros, consiguió un viaje en uno de los vuelos baratos de ese entonces y se fue a la cordillera del Himalaya, pero lo hizo en una temporada donde los fuertes vientos y la intensa nieve no permitían una buena visibilidad. Pero eso no le importó, quería demostrarle a toda esa gente que dudó de él y, peor, lo hicieron dudar de sí mismo que estaban equivocados. Pero estaba arriesgando su vida.

A la mañana siguiente de haber aterrizado comenzó la escalada, lo hizo junto a un pequeño grupo de personas que perseguían el mismo sueño de mi tatarabuelo, conforme avanzaban los pasos se hacían más lentos, más pesados por el cansancio de las extremidades, el intenso frío y la poca visibilidad propiciada por los fuerte vientos, que se intensificaban conforme ascendían. Primero fue uno, después otro y le siguieron dos más de las personas que estaban escalando y se rindieron. Ya sólo quedaba mi familiar y un hombre más, que era mucho más joven pero estaba unos pasos atrasado. Se rindió.

“Nunca digas nunca, nunca digas nunca, nunca digas nunca”, repetía mi abuelo cuando los pasos se hacían difíciles, cuando el alma le pedía descanso, cuando su mente le decía que no iba a poder. Entonces algo en sus recuerdos se encendía, veía a las personas que lo habían minimizado, que quisieron cortarle las alas para cumplir su sueño, esto lo motivaba y aceleraba sus pasos.

El cuerpo sabe hasta dónde puede llegar, de lo contrario flaqueará y podría quedar inerte sobre la nieve, y de eso estaba consciente mi tatarabuelo, por lo que se detuvo y dejó una bandera de México atorada sobre la nieve, descanso un par de horas y comenzó el descenso. No estaba triste por no haber conseguido llegar a la cima, pero había sido un gran logró para él. Personas más jóvenes lo intentaron y se rindieron a medio camino. En cambio él, consiguió superar la marca de altura conseguida por cualquier hombre, actualmente esa marca ya se superó y por mucho, pero fue una persona que no le dieron la fama suficiente.

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